lunes, 4 de julio de 2011

El primer encuentro, 4 de julio

Aun no me lo terminaba de creer. El día anterior me había aceptado como sumisa en prácticas. Habíamos hablado de nuestros gustos, del nivel, de las experiencias, sobre protocolos (de las normas de comportamiento en público y en privado, de la mirada, del vestuario ...), también nos habíamos contado cosas de nuestra rutina diaria y habíamos hablado de nuestros hobbys y de muchas otras cosas para coger confianza e ir conociéndonos un poco más.
Mi primera misión era acompañarlo al radiólogo.


Elegí para aquel día una falda marrón y negra, un jersey negro, y bolso y zapatos marrones y me dirigí a Tarragona donde se iba a producir nuestro primer encuentro a solas, los nervios me devoraban el estomago pensando en como iba a ir todo.

El primer error. En cuanto le vi le salude con dos besos como si se tratara de un amigo en lugar de darle la mano como a un Maestro y esperar a su autorización para besarle.
Fuimos al radiólogo en su coche, guiado por tres simpáticas brujitas. Hacía calor y aunque se veían nubes, estaban bastante dispersas. Entonces es cuando solicito su deseo de que las nubes se juntaran y lloviera para refrescar, y curioso, así sucedió.

Enseguida le atendieron y en cuanto tuvo hechas las placas bajamos a la playa de la Arrabassada. Al estar nublado había ya poca gente en la playa y se estaba muy tranquilo. El paisaje era una delicia para la mirada.




Eligió una mesa y nos sentamos a tomar un refresco y a seguir aprendiendo. Para hacer el ambiente más tranquilo y agradable se entremezclaban los sonidos del mar con las risas de dos niños de color que jugaban divertidos con la arena. Todo en conjunto resultaba verdaderamente armonioso, el sonido, el ambiente ya más fresco y llevadero, el maravilloso paisaje del mar y la playa...

 
 
 
Gracias Maestro y Señor por su tiempo, por su paciencia y su serenidad y dedicación en mi aprendizaje.
 

No hay comentarios:

Publicar un comentario